Florinda López. Una Quetzalteca que teje y cose trajes típico en Virginia, EE.UU.

 

En el estado de Virginia, a 651.5 kilómetros de Nueva York, vive Florinda López, junto a su esposo y sus hijos, quienes son originarios de Concepción Chiquirichapa de Quetzaltenango. Recuerda que migraron hace 18 años a ese país, con la esperanza de tener un futuro diferente al que podían tener si se quedaban en Guatemala.

La guatemalteca hizo el viaje junto a sus hijos Brandon de tres años (en ese entonces) y Wilmer el mayor de ellos. Actualmente ambos han finalizado una etapa académica y ella dice sentirse orgullosa del sacrificio que significó esta etapa.

“Nos esforzamos mucho para que ellos lograran un futuro mejor, lo que nosotros no tuvimos, quisimos que nuestros hijos lo tuvieran”, aseveró.

La entrevistada comentó que al llegar a EE. UU. tenía una percepción diferente, porque veía fotos de familiares que vivían en ese país y creía que era más sencillo, pero con el tiempo se dio cuenta que si bien es un país de oportunidades, se necesita de un gran esfuerzo para salir adelante.

“Fue un día sábado que llegué, y ya un día lunes tenía que ir a trabajar, empecé en Washington D.C. fue un mi hermano el que me consiguió el empleo y de ahí solo descanse un día nada más, y desde ese entonces he estado trabajando 18 años aquí en lo Estados Unidos”, destacó.

Uno de los obstáculos a los que se enfrentó fue el inglés, porque al principio no entendía nada de lo que los demás hablaban. “Sin el inglés no se puede defender” indica, aunque en su caso asegura que ya no siguió con sus estudios porque no le daba tiempo para atender a su familia y trabajar.

La migrante comenta que a veces siente mucha tristeza cuando recuerda como sufrieron sus hijos al no saber inglés y que no podía ayudarlos, pero se siente orgullosa porque ahora ve como se han logrado superar y eso la hace sentir bien porque sabe que con esfuerzo lograran llegar muy lejos.

En la actualidad trabaja en la limpieza de casas y busca salir adelante junto a su esposo e hijos. En mayo pasado dos de sus hijos lograron obtener sus títulos universitarios.

Aunque el trabajo absorbe la mayor parte del tiempo de su vida, la guatemalteca disfruta en sus tiempos de libres en coser y tejer ropa, además de conversar con su familia. Su comida favorita es el pepián y los tamales de arroz que le recuerdan el país que dejó hace 18 años, pero asegura lleva en el corazón.

Una melodía que la hace rememorar el tiempo que estuvo en Guatemala es el son del Rey Quiché, y también encuentra espacios para practicar básquet ball, y siempre que puede trata de ver noticias para estar informada de todo lo que sucede.

Finalmente también envió un mensaje a las mujeres trabajadoras a que sigan luchando por sus familias, y por sus hijos “sé que no es fácil pero tampoco imposible. Y con la bendición de Dios todo es posible”.

Por Grecia Ortiz de la Hora.

Fotos con derechos exclusivos de : La Hora Voz del Migrante

 

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